miércoles, 20 de junio de 2012

Inventarse y reinventarse: el poder del imaginario colectivo


Cuando decidimos analizar la relación cultura, tecnología y sociedad, nos damos cuenta de que se asemeja más a un ovillo con muchas puntas interconectadas para devanar, que la relación entre las tres es estrecha, intrincada y dialéctica. Esta es al mismo tiempo indisoluble. Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta indisolubilidad, como en el caso del walkman, un artefacto tecnológico fruto de la necesidad del ser humano de llevar consigo  lo que le gusta, en este caso la música, y no es que haya sido el único intento de realizar este deseo, ya desde épocas remotas, encontramos las cajitas musicales a cuerda, lo gramófonos portátiles y sus descendientes, los tocadiscos portátiles, las radios portátiles, todas con el inconveniente de que si se ponían a tocar, llegabas a incomodar o molestar a los otros presentes. Los fines de la década de los 80’s y principios de los 90’s marcada por migraciones, en que se pone en auge la liberación femenina, y en que se empieza a dar mayor velocidad al ritmo de vida, da como resultado el surgimiento del walkman, invento genial para ir por la vida escuchando la música que más te gusta, sin molestar a nadie. Sin embargo, la capacidad de la sociedad de reinventar, se hace ver palpable en el adolescente, que lejos de usarlo de forma individual, lo usa más bien como medio de socialización, acuotándose para comprar las baterías del aparatito y compartiendo los audífonos, generando una cercanía y comunión inesperadas. Fruto tal vez del mismo deseo que hizo que a la larga, se pudieran compartir canciones en el internet, o poner backtones en el celular, o porque no, el famoso botón “me gusta” del facebook. Cabe preguntarse, si este nuevo uso se dio por factores culturales o económico sociales, o ambos. Nuevamente la relación dialéctica se pone en evidencia en este hecho y más: tal vez, es este mismo aparatito, que generó mayor hermetismo en jóvenes de otros sectores de la sociedad.

Como este, hay otros ejemplos de tecnologías en desuso cuyos cambios marcaron en la misma década hitos en la vida de las personas que convivieron con ellas por años, es el caso del videograbador y su directo implicado, el casete de VHS. Esta dupla cambio totalmente la forma de recordar los acontecimientos de las personas, dando el casete la posibilidad de “volver a ver” no solo acontecimientos, sino programas de tv y películas del cine, generando alrededor de si nuevos tipos de reuniones sociales, y dando pie a lo que se podría pensar tal vez el inicio de la presencia virtual, ya que se podía ver un evento en el que no habías estado presente. Así se podían encontrar casas con cajas llenas de videos caseros, esperando ser compartidos con familiares, amigos, y generaciones futuras.  Fenómenos similares se dieron con las radiograbadoras de bolsillo y los casetes.

El análisis de los diferentes aparatos tecnológicos y sus implicaciones culturales y sociales, y  viceversa, como se puede ver, es un constante reinventarse colectivo, un deseo cumplido que genera nuevos deseos de una forma cada vez más acelerada, más interactiva, más colaborativa, con ciclos de vida cada vez más cortos para los aparatos, pero con cada vez mayores posibilidades de compartir y de modificar la conciencia social y cultural, y al mismo tiempo con muchísimas posibilidades de parte de ésta de incidir en el desarrollo, el uso y el cambio de las tecnologías. Como dice Levy: «Lo que se identifica de manera vulgar bajo la denominación de “nuevas tecnologías” recubre de hecho la actividad multiforme de hechos humanos, un devenir colectivo complejo, que se cristaliza notablemente alrededor de objetos materiales, de programas informáticos y de dispositivos de comunicación.»

Para terminar: ¿Quién jugando atari, no soñaba con poder mover manos y pies para interactuar con el aparato, sin depender de los cables? Ahí tenemos el wii. ¿Qué sueña hoy jugando wii?. Tal vez su sueño, en alguna parte del planeta, está por cumplirse, o ya está cumplido, y usted no lo sabe, porque esa es la capacidad de las nuevas tecnologías, reinventarse en el imaginario colectivo, y plasmarse en la realidad para abrir nuevas puertas a nuevos imaginarios.