Cuando decidimos analizar la relación
cultura, tecnología y sociedad, nos damos cuenta de que se asemeja más a un
ovillo con muchas puntas interconectadas para devanar, que la relación entre
las tres es estrecha, intrincada y dialéctica. Esta es al mismo tiempo
indisoluble. Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta indisolubilidad, como
en el caso del walkman, un artefacto tecnológico fruto de la necesidad del ser
humano de llevar consigo lo que le
gusta, en este caso la música, y no es que haya sido el único intento de
realizar este deseo, ya desde épocas remotas, encontramos las cajitas musicales
a cuerda, lo gramófonos portátiles y sus descendientes, los tocadiscos portátiles,
las radios portátiles, todas con el inconveniente de que si se ponían a tocar,
llegabas a incomodar o molestar a los otros presentes. Los fines de la década de
los 80’s y principios de los 90’s marcada por migraciones, en que se pone en
auge la liberación femenina, y en que se empieza a dar mayor velocidad al ritmo
de vida, da como resultado el surgimiento del walkman, invento genial para ir
por la vida escuchando la música que más te gusta, sin molestar a nadie. Sin
embargo, la capacidad de la sociedad de reinventar, se hace ver palpable en el
adolescente, que lejos de usarlo de forma individual, lo usa más bien como
medio de socialización, acuotándose para comprar las baterías del aparatito y
compartiendo los audífonos, generando una cercanía y comunión inesperadas. Fruto
tal vez del mismo deseo que hizo que a la larga, se pudieran compartir
canciones en el internet, o poner backtones en el celular, o porque no, el
famoso botón “me gusta” del facebook. Cabe preguntarse, si este nuevo uso se
dio por factores culturales o económico sociales, o ambos. Nuevamente la relación
dialéctica se pone en evidencia en este hecho y más: tal vez, es este mismo
aparatito, que generó mayor hermetismo en jóvenes de otros sectores de la
sociedad.
Como este, hay otros ejemplos de tecnologías
en desuso cuyos cambios marcaron en la misma década hitos en la vida de las
personas que convivieron con ellas por años, es el caso del videograbador y su
directo implicado, el casete de VHS. Esta dupla cambio totalmente la forma de
recordar los acontecimientos de las personas, dando el casete la posibilidad de
“volver a ver” no solo acontecimientos, sino programas de tv y películas del
cine, generando alrededor de si nuevos tipos de reuniones sociales, y dando pie
a lo que se podría pensar tal vez el inicio de la presencia virtual, ya que se podía
ver un evento en el que no habías estado presente. Así se podían encontrar
casas con cajas llenas de videos caseros, esperando ser compartidos con
familiares, amigos, y generaciones futuras. Fenómenos similares se dieron con las radiograbadoras
de bolsillo y los casetes.
El análisis de los diferentes aparatos
tecnológicos y sus implicaciones culturales y sociales, y viceversa, como se puede ver, es un constante
reinventarse colectivo, un deseo cumplido que genera nuevos deseos de una forma
cada vez más acelerada, más interactiva, más colaborativa, con ciclos de vida
cada vez más cortos para los aparatos, pero con cada vez mayores posibilidades
de compartir y de modificar la conciencia social y cultural, y al mismo tiempo
con muchísimas posibilidades de parte de ésta de incidir en el desarrollo, el
uso y el cambio de las tecnologías. Como dice Levy: «Lo que se identifica de
manera vulgar bajo la denominación de “nuevas tecnologías” recubre de hecho la
actividad multiforme de hechos humanos, un devenir colectivo complejo, que se
cristaliza notablemente alrededor de objetos materiales, de programas informáticos
y de dispositivos de comunicación.»
Para terminar: ¿Quién jugando
atari, no soñaba con poder mover manos y pies para interactuar con el aparato,
sin depender de los cables? Ahí tenemos el wii. ¿Qué sueña hoy jugando wii?.
Tal vez su sueño, en alguna parte del planeta, está por cumplirse, o ya está
cumplido, y usted no lo sabe, porque esa es la capacidad de las nuevas tecnologías,
reinventarse en el imaginario colectivo, y plasmarse en la realidad para abrir
nuevas puertas a nuevos imaginarios.